por Claudia Silva López. EU Jefe de Clínica San Andrés.
La rehabilitación y recuperación funcional es un pilar fundamental en la atención de nuestros usuarios. Su objetivo es favorecer la mayor autonomía e independencia posible, prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad y mejorar la calidad de vida durante el proceso de recuperación. En este contexto, la movilidad cumple un rol terapéutico clave y el equipo de enfermería, compuesto por enfermeras/os TENS y asistentes de enfermería, participan activamente integrando los objetivos de rehabilitación al cuidado diario del paciente.
Si bien habitualmente se utilizan como sinónimos, autonomía e independencia no se refieren a lo mismo. Autonomía es la capacidad de una persona a tomar sus propias decisiones, expresar su voluntad y participar en su cuidado. La independencia por otro lado, se refiere a la capacidad de realizar actividades de la vida diaria sin la ayuda de terceros. Puede existir una sin la otra y el manejo desde la perspectiva de enfermería involucra respetar y promover la autonomía como entrenar y fomentar la independencia.
El equipo de enfermería como eje del cuidado funcional
En la neurorrehabilitación, el equipo de enfermería cumple un rol transversal y continuo. Su presencia permanente permite evaluar de forma sistemática el estado funcional del paciente, observar su evolución clínica y detectar oportunamente factores que puedan interferir en el proceso rehabilitador.
El equipo de enfermería trabaja de manera coordinada para aplicar cuidados orientados a mantener y potenciar la movilidad, reforzar las indicaciones del equipo interdisciplinario y asegurar la continuidad del tratamiento. Este enfoque permite que la rehabilitación no se limite a las sesiones terapéuticas formales, sino que esté presente durante toda la rutina diaria del paciente.
Movilización precoz: una intervención clave
La movilización precoz es una de las intervenciones más relevantes dentro de la rehabilitación neurológica. Siempre que la condición clínica lo permita y bajo indicación del equipo terapéutico, el equipo de enfermería participa activamente en acciones como cambios de posición programados, sedestación progresiva, traslados cama–silla y apoyo durante la bipedestación o marcha asistida.
Estas intervenciones contribuyen a prevenir la pérdida de masa muscular, la rigidez articular y otras complicaciones asociadas a la inmovilidad, además de estimular la participación activa del paciente en su proceso de rehabilitación.
Prevención de complicaciones asociadas a la inmovilidad
La inmovilidad prolongada puede generar diversas complicaciones que impactan negativamente la rehabilitación funcional. Desde su rol, el equipo de enfermería trabaja de manera preventiva en la detección y manejo precoz de lesiones por presión, complicaciones respiratorias, alteraciones musculoesqueléticas y dolor.
El posicionamiento terapéutico, la movilización asistida y la vigilancia clínica continua permiten reducir riesgos y favorecer una evolución funcional más segura y favorable.
Las actividades de la vida diaria como parte de la rehabilitación
Las actividades de la vida diaria (AVD), como la higiene personal, la alimentación, el vestuario y el uso del baño, forman parte activa del proceso de rehabilitación funcional. El equipo de enfermería acompaña al paciente en estas actividades promoviendo su participación activa y reforzando progresivamente su autonomía.
El objetivo no es sustituir al paciente, sino estimular sus capacidades preservadas, respetar su ritmo y favorecer la mayor independencia posible.
Uso seguro de ayudas técnicas
Durante el proceso de rehabilitación, el uso de ayudas técnicas como sillas de ruedas, andadores u otros dispositivos es frecuente. El equipo de enfermería cumple un rol clave en supervisar su uso correcto, prevenir caídas, prevenir lesiones asociadas al uso y educar tanto al paciente como a su familia, reforzando las indicaciones entregadas por el equipo de rehabilitación.
Seguridad del paciente durante la movilización
Cada movilización constituye una intervención clínica que requiere evaluación previa. El equipo de enfermería considera factores como el nivel de conciencia, el tono muscular, el control postural, la presencia de dispositivos invasivos y el riesgo de caídas.
Este enfoque permite que la rehabilitación funcional se desarrolle de manera segura, planificada y personalizada, priorizando siempre el confort y la dignidad del paciente.
Rehabilitar también es cuidar
En Clínica San Andrés, cuidar es también rehabilitar. Cada cambio de posición, traslado y acompañamiento en las actividades diarias forma parte del tratamiento.
La labor conjunta de enfermeras/os y TENS permite transformar el cuidado cotidiano en una herramienta terapéutica activa, contribuyendo directamente a mejorar la movilidad, la funcionalidad y la calidad de vida del paciente.