Por Camila Aracena León, Terapeuta Ocupacional de Clínica San Andrés
La Terapia Ocupacional, cumple un rol fundamental en los procesos de neurorrehabilitación de adultos, especialmente cuando el objetivo es recuperar la independencia en las actividades de la vida diaria. Desde esta disciplina, el foco está puesto en acompañar a cada persona en la reconstrucción de su autonomía funcional, promoviendo su participación activa en tareas cotidianas que son esenciales para su bienestar y calidad de vida. En Clínica San Andrés, este trabajo se desarrolla principalmente con personas adultas que presentan condiciones neurológicas como ACV, TEC o lesiones medulares.
En este contexto, la Terapia Ocupacional no solo busca entrenar habilidades específicas, sino también facilitar que la persona vuelva a desenvolverse con mayor seguridad y confianza en su entorno habitual. Actividades como vestirse, alimentarse, asearse, movilizarse dentro del hogar o retomar rutinas personales forman parte central del proceso terapéutico, ya que reflejan de manera concreta el grado de independencia alcanzado. El rol profesional consiste en acompañar a los pacientes para “recuperar y/o reinventar sus actividades cotidianas”, siempre en trabajo conjunto con otros profesionales de la salud.
A través de una evaluación individualizada, el terapeuta ocupacional identifica las necesidades, capacidades y prioridades de cada paciente, para luego diseñar un plan de intervención ajustado a su realidad. Este trabajo puede incluir entrenamiento funcional, adaptación de tareas, uso de ayudas técnicas y orientación a familiares o cuidadores, siempre con una mirada centrada en la persona y en sus objetivos. La formación y experiencia descritas en el documento refuerzan además la relevancia de una preparación específica en neurorrehabilitación, mano y miembro superior, y ayudas técnicas para acompañar mejor estos procesos.
En Clínica San Andrés, la terapia ocupacional se integra dentro de un abordaje interdisciplinario de neurorrehabilitación, donde cada profesional contribuye desde su área al proceso de recuperación. Este modo de trabajo es coherente con el modelo funcional, donde se destaca que los avances pequeños pueden representar logros muy significativos para la vida cotidiana de cada persona. En ese sentido, el aporte de terapia ocupacional resulta clave para transformar los avances clínicos en resultados funcionales concretos, favoreciendo una rehabilitación más completa, significativa y orientada a la vida diaria.