Ser kinesióloga en el área de neurorrehabilitación de Clínica San Andrés ha sido una experiencia profundamente significativa, tanto en lo profesional como en lo humano. A lo largo de este camino, he aprendido que rehabilitar no es solo intervenir sobre una función alterada, sino acompañar a una persona en un proceso de adaptación, recuperación y reconstrucción de su proyecto de vida.
En este contexto, cada usuario llega con una historia única. Detrás de un diagnóstico neurológico no solo existen alteraciones motoras, sensoriales o cognitivas, sino también emociones, temores, expectativas y una red de apoyo que influye de manera decisiva en su evolución. Por ello, mi forma de ejercer la kinesiología se ha consolidado desde un enfoque biopsicosocial, entendiendo que la recuperación no depende únicamente del cuerpo, sino también del entorno familiar, social y emocional de cada persona.
Trabajar en neurorrehabilitación me ha enseñado la importancia de escuchar, observar y adaptar cada intervención a las necesidades reales del paciente. Muchas veces, los avances más valiosos no se reflejan únicamente en escalas o evaluaciones físicas, sino en logros como volver a sentarse con mayor seguridad, participar en una conversación, retomar actividades cotidianas o recuperar la confianza en el propio cuerpo. Es en esos pequeños grandes avances donde la rehabilitación cobra verdadero sentido.
Asimismo, he tenido la oportunidad de desempeñar un rol docente con estudiantes de último año de kinesiología de la Universidad Autónoma de Chile, una experiencia profundamente enriquecedora. Acompañar su formación clínica me ha permitido no solo transmitir conocimientos técnicos, sino también compartir una mirada centrada en la empatía, el razonamiento clínico y la relevancia del trabajo interdisciplinario. Enseñar en este contexto también implica aprender, cuestionarse y mantenerse en constante actualización para brindar una atención de calidad.
Ser kinesióloga en neurorrehabilitación implica mucho más que aplicar técnicas: significa estar presente, contener, orientar y construir, junto al usuario, objetivos significativos y alcanzables. Significa comprender que cada sesión es una oportunidad para generar cambios, no solo en la función motora, sino también en la motivación, la autoestima y la participación en la vida diaria.
Hoy miro mi trabajo con profunda gratitud. Cada paciente, cada familia y cada estudiante han dejado una huella en mi forma de comprender la rehabilitación. Y si algo he confirmado en este recorrido, es que rehabilitar desde una mirada humana, integral y formativa no solo transforma la vida de los usuarios, sino también la de quienes tenemos el privilegio de acompañarlos.
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